En esta Sevilla de hoy, huérfana de figuras que refloten el maltrecho sector de la historieta, hemos vivido mucho tiempo ignorando un fenómeno creciente, justo en las entrañas de San Juan de Aznalfarache.

En Junio de 2014, pude ver por primera vez el trabajo de El Irra. Fue en el Garabattagge, un evento mayoritariamente dedicado a la ilustración, donde algunos autores hacían presentaciones y charlas sobre su trabajo. El Irra nos dejó noqueados: un prodigio de imaginación, planificación y buen hacer, una charla directa y sin concesiones y una actitud en las antípodas de la impostura, nos daban pistas sobre un autor especial que, pensábamos, iba a dar de qué hablar. Todas nuestras previsiones se han quedado cortas desde aquel día.

Ahora, en 2016, está a punto de publicar Palos de ciego para la editorial bilbaína Astiberri, una de las grandes editoriales españolas y un destacado referente europeo. Casi nada.

¿Cómo era eso de ser un adolescente fanático de los cómics en el San Juan de Aznalfarache de los 90?

Pues fatal porque nunca tenía un duro. Por aquella época recuerdo que robaba mucho. Siempre digo que en parte me siento culpable del cierre del Elektra de la calle Zaragoza (Sevilla), pues en aquella tienda solía mangar a destajo. La última vez que pisé aquello me pillaron in fraganti y salí por patas. A la semana siguiente me lo encontré cerrado. Otras veces, gracias a un colega, conseguía material con más o menos regularidad, ya que al muy cabrón su tío le largaba parné todos los meses por ser sobrino único. La putada del asunto es que me pilló una época chunga. Ten en cuenta que la época Image me cogió de lleno. Debo admitir que en mi primera adolescencia me encantaba el Spider-Man de McFarlane. Me hice una camiseta y todo con la portada. Incluso compré los primeros números del Spawn, pero después de aquel número que escribió Miller, me aburrí y lo dejé. Por culpa de esta corriente, todos los cómics que parían entonces tenían ese tono oscuro hortera e hipertrofiado que por desgracia arrastré durante años y del cual me costó desprenderme. Recuerdo que el primer cómic largo que hice con 12 o 13 años se titulaba Spiderman vs Drácula (estamos hablando del año del Drácula de Coppola) y poco después de acabarlo, lo tiré a la basura. Hace poco, mi hermano Dabí me confesó que lo rescató de la papelera y que todavía lo conserva. Por suerte, poco después descubrí el Sin City y Hellboy que vendían en un quiosco que había delante de uno de los mayores puntos de venta de droga de la provincia, La esquina del gato. Aquello era fuego. También me nutría de material clásico tipo Classic Spiderman de Forum y compraba mucho en el antiguo mercaíllo que había en La Alameda, cuando aquello era territorio comanche. Gracias a este mercaíllo pude hacerme con el DKR y el Año Uno de Zinco. Este material me cambió la percepción del medio. Por entonces, estaba obsesionado con Miller, siempre andaba rescatando material suyo. En general, me interesaba casi todo. El Zona 84 y el Creepy también me descubrió a muchos autores, sobre todo españoles que me flipaban y me siguen flipando, como por ejemplo Bernet, Aura León o Fernando de Felipe. En resumen, compraba mucho material barato y mangaba el caro siempre que podía.

¿Recuerdas cuáles fueron los primeros cómics que te volaron la cabeza?

Página de 'La madre muerta', de El Irra

Página de ‘La madre muerta’, de El Irra

Recuerdo especialmente un Conan de Forum dibujado por Buscema con todos esos personajes de mirada maligna que me acojonaban bastante y que todavía, cuando lo reviso, me despierta ese sentimiento. Pero los que más me impactaron fueron La muerte de Gwen Stacy y el ‘Purgatorio’ de Born Again. Venía oculto en un Spider-Man de Forum. Tendría 7 u 8 años. Recuerdo lo extraño que se me hacía ver aquella historia de superhéroes sin superhéroes, sin trajes, tan solo un abrigo emplumado azul, unos vaqueros, unas botas y unas enormes gafas de aviador. La escena de Murdock machacando a golpes a un par de chorizos en el metro me dejo loco. Luego, más tarde, como ya he dicho, la narrativa y planificación del DKR me marcó bastante, el amour fou y el ambiente onírico de Krazy Kat también me dejó tocado, la crudeza de RanXerox, la ‘Mala Pena’ de Sequeiros y, sobre todo, el Hombre Grande de Mazzuchelli. El descubrimiento de este tebeo coincidió con el final de la adolescencia. Gracias a él descubrí que para contar una historia no hace falta dibujar ‘bien’ ni ‘bonito’, sino que lo único que cuenta es cómo lo cuentas.

¿Cuáles son tus influencias y referentes fundamentales?

Muchos. Digamos que básicamente me atraen todos aquellos artistas de calado humanista. Los que cuidan más el contenido y no tanto el continente. Aquellos que van un paso más allá de la estética. Miller, Mazzucchelli, Kurtzman, Bernet, Ressendi, Zurbarán, Valdés Leal, Buñuel, Verhoeven, Carpenter, etc.

¿Cómo se pasa en unos pocos meses de autoeditarte tus propios cómics a trabajar para una editorial de prestigio como Astiberri? ¿Cómo surge esa oportunidad?

Bueno, eso no es del todo cierto. Habría que remontarse mucho más atrás. Esto es una carrera de fondo. Soy autodidacta y me llevo formando desde que hice la primera historieta con 9 años. Siempre he sido muy mal estudiante. Recuerdo que 8º de EGB entregaba los exámenes repletos de dibujos. Los profesores le decían a mi madre que era un bala perdida. A mitad de los noventa, tras ser expulsado de una FP de enfermería, imagínate si andaba perdido, acabé como todos los ‘sin rumbo’ en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios. Aquello era como la serie B de Bellas Artes. Lo único bueno que saqué de los 5 años que pasé en aquel limbo fue conocer a Valeriano López, excelente artista y transgresor profesor que me animó a seguir por la senda del cómic. Comencé a presentarme a concursos a nivel autonómico. Para mi sorpresa, durante dos años consecutivos fui premiado con dinero y todo, en el 2001 y en el 2002. Pero acabé quemadísimo. Sin perspectivas. Desesperado, tras pasar por varios trabajos basura, en 2004 decido irme a la Costa del Sol, a casa de mi tío, con el objetivo de aprender el oficio de cerrajero. Al año siguiente, regreso a Sevilla y en los 6 años posteriores llego a montar hasta 4 tiendas. Pero más pronto que tarde, me di cuenta que todo lo que ganaba tan solo servía para poco más que pagar impuestos. Gracias a una indemnización por un accidente con la moto, tuve la ocasión de cambiar de piel y por fin pude apostar por lo que siempre me había quemado, la narrativa gráfica. Lo que quiero decir con todo esto es que todo este bagaje vital me ha beneficiado en mi trabajo y siempre pienso que si por azar hubiera tenido la ocasión de comenzar a publicar antes, mi trabajo no sería el que es ahora. Para bien o para mal. Me abrí y me sigo abriendo camino a base de golpes.

Volviendo a la primera pregunta, lo cierto es que todavía me cuesta hacerme a la idea de publicar con Astiberri. Para mí, hacer cómics siempre ha sido una necesidad, una vía de escape que me permite mantener a raya mis demonios. Siempre digo que de no ser por el arte hubiera acabado matando a alguien o algo mucho peor. ‘A’ y ‘F$P’ son dos proyectos que arrastraba con mi hermano Dabí desde hacía un tiempo. Antes de ejecutarlos surgieron sobre todo por conversaciones que teníamos. Entre los dos existe un entendimiento casi telepático, por lo que en ese sentido es muy fácil trabajar con él. A y F$P fueron concebidos bajo un estado de ánimo que arrastraba desde hacía años y que me impulsaba a reventarlo todo a mi alrededor. También eran mi laboratorio creativo, un contenedor de todas mis obsesiones y fetiches. El tema de la autoedición surgió de manera espontánea, como respuesta al tipo de material que a mí me gustaría encontrar como lector. Nos lanzamos a la promoción usando táctica de guerrilla, lanzando un mensaje agresivo, irónico y barriobajero, tratando siempre de molestar a las mentes biempensantes de la red. Yo al menos, buscaba gustar al adolescente que una vez fui y al cuarentón joputa que seré dentro de no mucho. De esa manera nació el ‘Iberpunk’. De alguna manera que aún no me explico, llamé la atención de David Rubín, al que considero que aparte de mi mentor, es mi apoderao en el terreno de la historieta. Tengo clarísimo que si he llegado hasta aquí es gracias a él. Es la persona a la que recurro cada vez que dudo en algo. Un día le hablé vagamente de un proyecto en el que estaba trabajando, que escribí años atrás y enseguida me animó a prepararme el proyecto con idea de moverlo por editoriales. La verdad es que la inyección de moral que me inyecta a través de su trabajo y posteriormente, con sus consejos, han sido decisivos para que el proyecto dejará de serlo y se hiciera realidad. Siempre digo que Rubín es para el panorama del cómic nacional lo que Álex de la Iglesia fue en su momento para el cine español de los 90. Repito, él es una de las razones por la que sigo dando guerra.

Astiberri publica 'Palos de ciego' en diciembre.

Astiberri publica ‘Palos de ciego’ en diciembre.

¿En qué momento se encuentra Palos de ciego?

Pues ahora mismo voy por la fase de entintado. Llevará unas 30 páginas de un total de 130. En el proceso estoy aprendiendo cosa mala.

¿De qué va?

Pues no quiero desvelar mucho hasta que salga, pero puedo decir que ‘Palos de Ciego’ es un neo-noir sureño que retrata la cara B de Sevilla, mostrando su extrarradio y concretamente mi pueblo, San Juan. Hablará del ojo por ojo, la fatiga, la rutina y el paro. A ver qué sale de todo esto.

Existen cada vez más voces que reconocen que, por un lado, el cómic no cuenta en España con una industria fuerte que respalde al sector, mientras que por otro, se habla de uno de los mejores momentos creativos del medio. ¿Compartes el análisis? ¿Cómo ves tú el panorama?

No me siento capacitado para hacer ningún análisis objetivo de la industria ni del medio. Tan solo puedo hablar desde una visión totalmente subjetiva. Seguramente esté equivocado, pero me da la sensación de que el cómic ya solo interesa a teóricos y a frikis. Por otra parte, los creadores por regla general, quizás incitados por los editores, no lo sé, crean por imitación, es decir, crean artefactos inofensivos y meramente decorativos. La mayoría de personajes de ficción están plagados de clichés genéricos. Da igual que la acción se desarrolle en Pekín o Barcelona, porque podría ser el mismo lugar. Me aburre todo ese concepto de homogenización cultural. Como todo, la globalización también trajo sus cosas buenas, no lo discuto. El tema es que de todas maneras no creo que exista una fórmula ni un solo camino. Lo único que tengo claro es que ahora estamos mucho mejor que en el pasado, eso seguro. Eso de cualquier tiempo pasado fue mejor no va conmigo. Actualmente se ha abierto una veda que era impensable hace unos años y se encuentra cada material por ahí que te deja el culo torcido. Creo que cada autor debe aportar su granito de arena partiendo de su ‘verdad’ y procurar ser honesto en lo que haces. Lo demás no está de la mano de uno.

Volviendo a Sevilla, ¿Cómo ves el sector en nuestra ciudad? ¿Crees que existe una escena local?

La única escena local es la de Los Seises. ¿Que como veo el sector? Muerto. Como siempre. El nudo de Moebius que aparece en el escudo de la ciudad no puede ser más acertado. Desde el comienzo de los tiempos, esta ciudad está en manos de unos cuantos, los de siempre, asfixiada por las voces oficiales. Sevilla es un desierto. Hay dos bandos diferenciados, los modernos y los rancios, las dos caras de una misma moneda. A mí no me tragan ninguno de los dos. El bando de los hipster me censuró una historieta corta para un fanzine y el bando rancio directamente me ignora. Eso sí, a los dos les une una cosa: ambos están convencidos que cómic e ilustración son la misma cosa. Me da lástima que una ciudad tan creativa como Sevilla y con tanto patrimonio cultural esté en manos de unos cuantos catetos. Siempre he dicho que la mejor metáfora de Sevilla es la Feria. Si no cuentas con invitación o pase privado te ves en la calle. Siempre puedes acudir a la caseta de los distritos, pero lo más seguro es que un borracho celoso te acabe abriendo la cabeza con una botella. Sevilla es un coto cerrado. Si no pasas por el aro te ignoran. Conmigo desde luego están aviados. Una vez en uno de los eventos comiquiles de la ciudad un autor me dijo que lo fundamental de este negocio es el “¿y tú de quién eres?” Me lo dijo mientras tomábamos una cerveza y cuando le tocaba pagar a él se dio el piro. Está claro. Yo aún no soy nadie. Y espero que eso no cambie nunca. Que les den.

¿Qué planes tienes entre manos tras Palos de ciego?

Primero, me gustaría que Palos de Ciego llegara a la clase obrera y que en vez de gastarse el dinero en la lotería lo empleen en comprar tebeos. Creo que el medio se merece algo más que el sueño hipster o friki en el que vive sumergido. El cómic es vanguardia y debemos luchar para devolverlo al terreno del entretenimiento popular. Y se-gundo, estoy manejando varias ideas para futuros proyectos gracias a una época en la me dio por escribir bastante. Aparte de acabar de una vez ‘A’ y ‘F$P’, me encantaría hacer una historia de terror, rollo El príncipe de las tinieblas y La maldición de Damien, ambientado en el valle del Guadalquivir de comienzos de los noventa, pero cuya trama se remonta a muchos años antes de Jesucristo.

Una entrevista de Alfonso Grueso para La Giralkilla #4

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